9 de enero de 2019. El diario La Nación, publicaba declaraciones del hoy legislador cordobés Gregorio Hernández Maqueda rechazando la iniciativa de Patricia Bullrich -entonces Ministra de Seguridad de Mauricio Macri- para bajar la edad de imputabilidad para los delitos graves. Hernández Maqueda integraba entonces la Coalición Cívica que lideraba Elisa Carrió y cuestionaba la iniciativa recordando que su partido presentó numerosas veces, desde 2002, un proyecto de ley para crear un régimen penal juvenil que tuviera también en cuenta a los menores. Además hacía suyas la expresiones del Presidente del Instituto de la Juventud de la CC, Pedro Robledo, quien sostenía que «la legislación que tenemos al día de hoy es de la dictadura militar y no respeta la convención del Niño ni nuestra Constitución Nacional. El sistema que tenemos es una vergüenza para la víctima pero también para quien haya cometido el delito».
Ese era un Hernández Maqueda republicano, progresista y alineado en el respeto a los derechos humanos. Un jóven que abrazado a Elisa Carrió pretendía liderar un espacio (e integrar alguna lista) que ponía límites y racionalidad a las posturas de la derecha que expresaba – expresa- Patricia Bullrich, exhibiendo sensibilidad social en su construcción política.
28 de mayo de 2025. Siete años después, aquel Hernández Maqueda sensible, progresista y republicano, presentó un proyecto de ley para prohibir el trabajo de los cuidacoches o “naranjitas” en toda la ciudad de Córdoba. La iniciativa responde a la convicción del legislador de que la actividad de los «naranjitas» promueve necesariamente hechos delictivos. Para Hernández Maqueda los cuidacoches son, en general, «extorsionadores» que fastidian a la gente de bien. La iniciativa recibió el respaldo de Agustín Laje, el divulgador de la extrema derecha y Presidente de la Fundación Faro, a la que se investiga por su supuesta participación en la estafa Libra que involucra al Presidente Javier Milei, su hermana Karina y otros representantes que abrazan las ideas libertarias y la venta de «criptos» truchas.
Este Hernández Maqueda pretende insertarse en los espacios libertarios y en consecuencia difunde, a través del periodismo sin archivos, iniciativas para construir una imagen de firmeza, inflexibilidad, brutalidad (condición sine quanon para integrar el cánon libertario y sus listas), sin considerar ninguna situación sensible ni analizar las condiciones y razones por las que los «naranjitas» trabajan en Córdoba. Ya no hay víctimas en la sociedad según la conveniencia de Hernández Maqueda.
A Hernández Maqueda se lo conoce en la aldea cordobesa como «el Grego». Portador de dos apellidos vinculados al derecho constitucional, hace muchos años que se las arregla para estar siempre inserto en alguna nómina salarial del Estado, algún programa de desarrollo institucional rentado, alguna «beca», que le permite vivir en la comodidad de su «construcción» política sin sacarse los plásticos de los hombros. Su linaje le ayuda. Y también a sus familiares que cobran de la Universidad pública o «caminan» tribunales gestionando beneficios por «usucapiones». Al «el Grego» se lo puede ver en todo acto oficial de cierta relevancia, espcialmente los del Poder Judicial, exibiendose sonriente y repartiendo saludos a ministros, jueces, fiscales.
Agotada su etapa de Republicano, y habiendo abandonado a Elisa Carrió, «el Grego» se desvive hoy por mostrarse un soldado de Karina Milei, mientras que en Córdoba juega cerca de Luis Juez, a quien considera su futura puerta de ingreso a las nóminas salariales del Estado. Es por eso que la emprende contra los «naranjitas extorsionadores», pero no dice una sola palabra de la extorsión sistemática del SUOEM a los ciudadanos, de los cargos públicos repartidos entre familiares del senador nacional y aliados y de las protestas extorsivas de los improductivos empleados judiciales. Los «enemigos públicos» más peligrosos son para » el Grego» y su admirable capacidad de pertenecer sin trabajar, los «naranjitas» de Córdoba.
Un exponente nato de la casta que Milei prometió desterrar de los presupuestos públicos y que ahora engrosan sus filas de activistas y gritones. En Córdoba, muy probablemente la mayoría de los «naranjitas» le creyeron a Milei y pensaron que se acababa «el choreo» y venían los buenos. Pero los cayó «el Grego», como peludo de regalo.
