En medio de la crisis económica que golpea a la mayoría de los hogares y mientras crece la preocupación por la pérdida del poder adquisitivo, los diputados del PRO se reunieron el martes por la noche en la sede partidaria de Balcarce para compartir un “asado de camaradería”. El encuentro, que comenzó pasadas las 20, reunió a legisladores en funciones y a quienes asumirán el 10 de diciembre, en un clima que osciló entre celebración y desconexión.

La postal contrasta con lo que se vive fuera de esas paredes. Mientras miles de familias recortan gastos básicos, reordenan deudas y resignan comida en la mesa, la dirigencia política volvió a exhibir un gesto que la ciudadanía observa cada vez con más distancia: la idea de que, aun en medio del ajuste, las celebraciones internas siguen siendo prioridad.

Mauricio Macri, fundador y referente central del PRO, no asistió. Su ausencia no fue menor. Llega en un momento de tensiones con el Gobierno de Javier Milei, luego de que el expresidente cuestionara públicamente la forma de ejercicio del poder por parte del actual mandatario. La relación, lejos de asentarse tras la victoria electoral, transita un equilibrio frágil.

Dentro del PRO reconocen que el triunfo del 26 de octubre les devolvió volumen político. La confirmación de Diego Santilli como futuro ministro del Interior fue celebrada como una señal de influencia dentro del nuevo esquema de poder. Sin embargo, esa satisfacción interna contrasta con lo que ocurre en el país real. Mientras en Balcarce se brindaba por cargos y reposicionamientos, la inflación erosiona ingresos, las jubilaciones pierden valor y la recesión se siente en cada comercio y cada changa.

Voceros del entorno de Macri insistieron en que el gesto no implica un acuerdo de gobierno conjunto, sino apenas un intercambio sobre “perfiles” para ocupar lugares estratégicos. Pero más allá de la aclaración, lo cierto es que la dirigencia política continúa moviéndose en clave de nombramientos, alianzas y cargos, mientras la sociedad espera respuestas más concretas sobre cómo atravesar los meses que vienen.

Porque, aunque el oficialismo haya ganado las elecciones, la victoria no resolvió la realidad económica. Y esa realidad no se suspende por una foto sonriente, una parrilla encendida o un acuerdo entre dirigentes. Afuera, la gente ajusta, recorta, espera. Y empieza a mirarlos con una pregunta que se vuelve más incómoda cada día:

¿Se dieron cuenta de que la mayoría la está pasando mal?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *