Al final, sucedió lo que muchos sospechaban y pocos se animaban a decir en voz alta: Mauricio Macri y Juliana Awada se separaron, y con eso se desarma el último decorado de un matrimonio que la política vendió durante años como si fuera una producción de revista de lifestyle.

La ruptura, aseguran cerca del expresidente, fue “en buenos términos”. Una frase tan usada que ya viene prefabricada, como los discursos que Macri lee para la televisión. En privado, sin embargo, algunos admiten lo obvio: la pareja hacía rato que funcionaba más como marca registrada que como relación real. Fotos perfectas, sonrisas congeladas y ese aire de postal que, con el tiempo, empezó a mostrar los bordes despegados.

Mientras Macri seguía recorriendo el mundo con la FIFA —porque parece que dirigir un país fue solo su pasantía previa—, Awada se replegaba a sus empresas, sus textiles y una vida sin necesidad de hashtags políticos. La distancia geográfica terminó convirtiéndose en distancia emocional: difícil sostener un matrimonio cuando uno vive en Ezeiza y el otro en Qatar.

En el PRO, los más leales ensayan justificaciones épicas, hablando de “procesos personales” y “nuevos caminos”. Los menos devotos lo dicen sin anestesia: si el amor sobrevivió al default, a la deuda con el FMI y a cuatro años de Casa Rosada, era solo cuestión de tiempo para que se rompiera en la vida normal.

La separación borra de un plumazo la última pieza del relato familiar que Macri venía sosteniendo a duras penas. Y deja a Awada liberada de un rol que nunca pareció encajarle del todo: el de primera dama impoluta, siempre sonriente y perfectamente vestida mientras el país se incendiaba detrás.

Ahora bien, nada de dramas pasionales ni conspiraciones dignas de telenovela: simplemente se cayó el decorado. El “cuento de hadas” se terminó, y el matrimonio más prolijamente curado de Instagram finalmente dejó de existir fuera de la pantalla.

En conclusión, Macri pierde a su compañera, a su socia estética y a la parte más simpática del dúo. Y Awada gana algo valioso: la posibilidad de ser Juliana Awada sin tener que ser Juliana Awada de Macri.

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