En el universo libertario, la desregulación puede esperar, pero la reincorporación nunca. Guillermo Francos, hasta hace poco jefe de Gabinete y uno de los hombres de mayor confianza del presidente Javier Milei, vuelve a su viejo sillón en YPF, donde ya se había desempeñado como director antes de asumir en el Gobierno. Su regreso no será simbólico: cobrará, según trascendió, unos 70 mil dólares mensuales.

La noticia sorprendió a pocos. En La Libertad Avanza parece regir una regla tácita: nadie se queda sin empleo. Mientras el Gobierno ajusta salarios, recorta programas y predica la “eficiencia del mercado”, sus principales figuras encuentran siempre una puerta giratoria que los deposita nuevamente en el Estado, ese mismo Estado que prometían achicar.

Francos, que fue clave en la etapa de negociación política y en la búsqueda de gobernabilidad, vuelve ahora a YPF con la misión de “fortalecer el vínculo institucional con el Gobierno”, según fuentes oficiales. Una función que suena más política que petrolera.

En los pasillos de la compañía, algunos empleados lo resumen con ironía: “En YPF ya no se perforan pozos, se perforan cargos”. Y no falta quien sugiera que el puesto debería llamarse “Director de Reincorporaciones Libertarias”.

Mientras tanto, Milei insiste con su discurso del ajuste y la austeridad. “No hay plata”, repite. Puede ser cierto. No hay plata para todos, pero siempre hay para los de adentro.

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