Se armó un momento caliente en el Senado: la mendocina Anabel Fernández Sagasti cruzó con dureza a Patricia Bullrich acusándola de “leer” su intervención, algo que —como sabés— está limitado por el reglamento de la cámara.
El episodio escaló rápido porque Sagasti no solo cuestionó el contenido del discurso, sino también la forma: sostuvo que Bullrich estaba leyendo un texto preparado, lo que va en contra del espíritu del debate parlamentario, que busca exposiciones más espontáneas y dinámicas.
Desde el entorno de Bullrich no tardaron en responder, defendiendo que se trataba de apuntes o referencias, algo que sí está permitido en ciertos casos. Pero el señalamiento encendió la discusión en el recinto y sumó tensión a una sesión que ya venía cargada.
Este tipo de cruces no son menores: en el Senado, acusar a otro legislador de incumplir el reglamento es una forma directa de poner en duda su legitimidad en el debate. Y cuando eso pasa en vivo, el clima se desborda rápido.

