El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que la inflación mensual volverá a ubicarse por encima del 3%, un dato que cae como un balde de agua fría sobre el relato oficial que, durante meses, insistió en que el proceso de desaceleración ya estaba consolidado.
La declaración no solo impacta por el número en sí, sino por lo que implica: una admisión explícita de que la tendencia a la baja no era tan firme como se comunicaba. En un contexto de fuerte ajuste, caída del consumo y pérdida del poder adquisitivo, el dato vuelve a poner en duda la efectividad del programa económico.
Un relato que no se sostuvo en el tiempo
Desde la asunción de Javier Milei, el Gobierno repitió en distintas oportunidades que la inflación estaba “en franco descenso” y que el peor momento ya había pasado. Sin embargo, los hechos fueron más erráticos que el discurso.
Un repaso de las principales afirmaciones oficiales deja en evidencia la inconsistencia:
- Diciembre – enero: tras el shock inicial, se sostuvo que la inflación iba a desplomarse rápidamente gracias al ajuste fiscal.
- Febrero: desde el equipo económico aseguraban que el índice ya mostraba una “clara tendencia descendente”.
- Marzo: voceros oficiales hablaban de una inflación “controlada” en el corto plazo.
- Abril: ahora, el propio Caputo admite que el índice volverá a subir por encima del 3%.
La secuencia muestra un patrón: anuncios optimistas seguidos de correcciones que terminan desdibujando la credibilidad oficial.
Entre la expectativa y la realidad
El problema no es solo estadístico. La inflación, incluso en niveles del 3% mensual, sigue siendo extremadamente alta en términos internacionales y golpea directamente a salarios, jubilaciones y consumo.
Mientras el Gobierno celebra cada décima de desaceleración como un logro estructural, la economía real muestra otra cara: caída de ventas, cierre de comercios y deterioro social.
Credibilidad en juego
El reconocimiento de Caputo abre un interrogante central: ¿se trata de un desvío puntual o de una señal de que el programa económico no logra estabilizar los precios como se prometía?
Porque más allá de los números, lo que está en juego es la confianza. Y en economía, cuando el discurso pierde consistencia frente a la realidad, el costo político y social suele ser mucho más alto que cualquier índice mensual.
