Las ventas de combustibles registraron una marcada caída durante noviembre, en un contexto de aumentos sostenidos en los surtidores y de un presupuesto familiar cada vez más ajustado. La retracción se sintió con fuerza tanto en naftas como en gasoil, y volvió a encender señales de alerta en el sector.

Según referentes de la actividad, los sucesivos incrementos de precios impactaron de lleno en el consumo cotidiano. Muchos automovilistas optaron por reducir traslados no esenciales, espaciar las cargas o directamente dejar el vehículo en casa, priorizando otros gastos básicos como alimentos, servicios y alquileres.

El fenómeno no solo afecta a los usuarios particulares. También se observa una menor demanda vinculada al transporte y a actividades productivas, en un escenario de menor nivel de actividad económica y costos operativos en alza. En estaciones de servicio señalan que el volumen vendido se encuentra por debajo de los niveles del año pasado, incluso en comparación con meses tradicionalmente más dinámicos.

Desde el sector advierten que, de mantenerse la tendencia de aumentos, la caída del consumo podría profundizarse en los próximos meses. Mientras tanto, las familias continúan ajustando sus gastos y el combustible, históricamente considerado un consumo relativamente inelástico, empieza a mostrar límites claros frente a la pérdida de poder adquisitivo.

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